Abstract

HOLA

This paper studies differences in the economic integration of male and female internal migrants in Colombia by reason for migration (voluntarily and forcedly displaced), and by ethnic status. We use data from the National Survey of Quality of Life for the period between 2012 and 2016 to estimate a series of multivariate models to explain three outcomes of economic integration: labor force participation, class of worker, and monthly earnings. Applying an intersectional approach, this study informs variations in the integration of heterogeneous populations where migration status, ethnicity and gender interact as forms of identity and belonging. Results show that the forcedly displaced show the largest disadvantages for the three outcomes. However, within this group, afrodescendent women and indigenous men face the most precarious forms of labor market incorporation.

Introducción

El análisis de los procesos de integración social de los migrantes ha posicionado una serie de discusiones que buscan explicar las tendencias, los patrones y los mecanismos que la facilitan o las barreras que la limitan. Los estudios, sin embargo, suelen enfocarse en los lugares de destino que tradicionalmente reciben un volumen considerable de migrantes. La mayoría de los argumentos elaborados en torno a este tópico se han centrado de manera preponderante en migraciones de tipo voluntario y económico que implican cruces de fronteras internacionales (Alba y Nee, 1997; Gordon, 1964; Portes y Zhou, 1993), aunque también en procesos internos, como los movimientos rural-urbanos (Jie y Taubmann, 2008; Rozelle, Taylor y De Brauw, 1999; Sell, 1988).

Los postulados acerca de la forma en que se dan los procesos de inserción social y económica en estos contextos suponen muchas veces que las explicaciones de por qué migraron estos sujetos provienen de decisiones racionales bajo perspectivas económicas, como la teoría neoclásica, o la nueva economía de la migración. No obstante, en las últimas décadas, la configuración de flujos migratorios en América Latina, originados en contextos marcados por la violencia o el cambio climático, han establecido nuevos retos en la delimitación analítica de estos desplazamientos, muchas veces internos. Para la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y el Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno (IDCM, por sus siglas en inglés), es preocupante que este tipo de migraciones aumenten y no sean atendidas de manera eficaz e integral. Uno de los grandes desafíos en torno al tratamiento de este fenómeno es el no reconocimiento por parte de los Estados, pues agudiza las condiciones de vulnerabilidad de las poblaciones desplazadas, que se traducen a su vez en barreras a la integración socioeconómica (ACNUR, 2017; Cluster Global de Protección, 2016; Silva Arias y Castillo, 2012).

A diferencia de otros países, Colombia ha reconocido el fenómeno del desplazamiento interno forzado, situación que ha permitido el registro de los eventos y la construcción de políticas y programas dirigidos a la atención e integración socioeconómica de la población en los territorios de reasentamiento, facilitando con ello el análisis respecto a la forma en que las poblaciones se adaptan e integran en estos contextos (ACNUR-Acción Social, 2007; Comisión de Seguimiento a la Política Pública, 2015; Ibáñez y Velásquez, 2008). Por ello, se sabe que el número de desplazamientos internos forzados supera los 7.5 millones de personas, y a nivel global se encuentra en el segundo lugar de países con el mayor índice de desplazamiento por razones de violencia. Ahora bien, los flujos migratorios internos se entrecruzan con los desplazamientos forzados, pero es incierto hasta qué punto el proceso de adaptación e integración es homogéneo entre estas poblaciones. Es decir, falta comprender mejor las consecuencias del desplazamiento, y si estas difieren de migraciones internas motivadas por otras causas.

En los últimos años, el volumen de población desplazada que se reconoce como indígena y afrodescendiente ha aumentado. Según datos de la ACNUR (2018), se elevó de 4 y 13%, respectivamente, en 2005, a 6.2 y 21.2% en 2018. Este cambio en los perfiles ha complejizado los mecanismos y patrones de integración, ya que la identidad étnica juega un papel clave tanto en la selectividad del desplazamiento como en formas desiguales de inserción en los mercados laborales. A pesar de este aumento del desplazamiento indígena y afrodescendiente, y de que los estudios de etnicidad en Colombia han analizado cómo esta moldea la integración social e identitaria de estas poblaciones (Bernal y Flabbi, 2015; Rodríguez Garavito, Cárdenas, Oviedo y Villamizar, 2013; Urrea Giraldo, 2005; Urrea Giraldo y Viáfara López, 2016; Viáfara López, Urrea Giraldo y Correa, 2009), son escasas las investigaciones que exploran la integración económica de los migrantes forzados, según su reconocimiento étnico.

Para cerrar esta brecha en el conocimiento sobre estas poblaciones, este artículo estudia las diversas formas en que se integran económicamente en el mercado laboral las personas desplazadas, tomando en cuenta la heterogeneidad al interior de esta población, las diferencias por sexo y el reconocimiento étnico en Colombia, y comparando con las poblaciones que migraron internamente por otras causas. Con ello, buscamos contribuir además a la discusión teórica y metodológica sobre cómo estudiar las consecuencias del desplazamiento interno y las relaciones sociales que se materializan como resultado de este fenómeno. Utilizando datos de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida (2012-2016), analizamos las diferencias en la integración económica tras estimar una serie de modelos estadísticos que dan cuenta de tres dimensiones: la participación laboral, la posición en el empleo y el nivel de ingresos percibidos mensualmente.

De esta manera, la motivación de este trabajo es analizar la inserción al mercado laboral de migrantes internos desde el enfoque de la interseccionalidad con una metodología cuantitativa y datos de representación nacional. En términos generales, el estudio busca comprender la heterogeneidad dentro de los grupos étnicos y si la población desplazada forzadamente presenta desafíos diferentes respecto a otros migrantes internos.

Las siguientes preguntas de investigación guían este análisis: ¿Cómo se asocia la causa de la migración interna con la integración laboral? ¿Existen patrones y mecanismos diferentes de integración laboral para la población desplazada según su reconocimiento étnico y sexo? ¿Cuál es la variación en la participación laboral, las posiciones en el empleo y los ingresos laborales, cuando se intersectan las identidades étnicas y de género en contextos de migración? Dada la evidencia empírica conocida hasta ahora, se espera que las variaciones en la integración laboral estén condicionadas por la intersección del sexo, la condición migratoria y la pertenencia étnica. Por lo tanto, el análisis permitiría dar cuenta de la materialización de roles de género que operan en las posiciones ocupacionales, así como de barreras específicas para aquellas personas que se reconocen como parte de un grupo étnico y cuya causa de migración se relaciona con la violencia producida por el conflicto armado en Colombia.

Marco contextual y analítico

Desplazamiento forzado de poblaciones indígenas y afrodescendientes: el caso colombian

Dentro de la región latinoamericana, Colombia ocupa el primer lugar con mayor número de desplazados internos forzados. Según cifras presentadas por el Centro Nacional de Memoria Histórica (2015), el conflicto armado interno ha dejado un saldo de 8,307,777 víctimas, de las cuales nueve de cada diez se declara en condición de desplazamiento forzado. Según cifras oficiales, aunque cuatro de cada diez no identifican al responsable, poco más de un tercio se atribuye a los grupos guerrilleros (FARC-EP y ELN), seguido por las autodefensas paramilitares o bandas criminales (18%), otros grupos (4%), o la fuerza pública (1%). En Colombia, el fenómeno del desplazamiento forzado interno afecta mayormente a poblaciones en territorios rurales y que presentan condiciones de vulnerabilidad social y económica que se ven agudizadas por situaciones de desigualdad y discriminación (Ibáñez y Querubín, 2004; Ibáñez y Velásquez, 2008).

La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y el Observatorio de Discriminación Racial aseguran que las minorías étnicas han sido victimizadas de forma aguda por el conflicto armado al exacerbar condiciones socioeconómicas de desigualdad y despojarlas de tierras colectivas legalmente instituidas (Red Social de Solidaridad, 2001; Rodríguez, Alfonso y Cavelier, 2008). Esto ocurre sobre todo en contextos urbanos, entre poblaciones indígenas y afrodescendientes que llegan a lugares con configuraciones comunitarias y culturales diferentes. Varios estudios analizan los determinantes territoriales del desplazamiento y revelan que existe un traslape en las regiones donde se encuentran los territorios de propiedad colectiva de grupos étnicos y aquellas donde se ha agudizado el conflicto armado, y donde los grupos al margen de la ley buscan apropiarse de estas grandes extensiones de tierra. Además, existen patrones particulares de desplazamiento dentro de los mismos municipios o departamentos por parte de estas poblaciones que se deben en parte a la falta de recursos para migrar a lugares más lejanos, así como la negativa de fragmentar lazos familiares y/o comunitarios, y un deseo mayor de retorno a los territorios (Ibáñez y Velásquez, 2008).

Las características sociodemográficas del grupo de los desplazados no son homogéneas, sino que existe heterogeneidad en los perfiles por edad, sexo, grupo étnico, escolaridad y otras (Ruiz Ruiz, 2011, 2013; Silva Arias, 2012). Esta heterogeneidad podría traducirse en impactos diferenciados del desplazamiento que pueden contribuir a la creación de desigualdades ya observadas entre la población desplazada, pero que podrían agudizarse para las poblaciones indígenas y afrodescendientes. Investigaciones previas revelan la dificultad que presentan estas poblaciones frente al acceso a sistemas de educación y salud, lo que provoca condiciones adversas para la integración social (Bustillo, 2004; Machado Duque, Calderón Flórez y Machado Alba, 2014; Silva y Guataquí, 2011; UARIV, 2014; Vallejo, 2007; Vallejo Solarte, Castro Castro y Cerezo Correa, 2015). La participación laboral de personas en edad escolar afecta los rendimientos futuros no solo individuales, sino de la familia en su conjunto. Como lo mencionan Ibáñez y Velásquez (2008), la entrada de menores de edad al mercado laboral trunca la trayectoria educativa de estas poblaciones y agudiza fenómenos de pobreza y desigualdad. Esta situación se traduce en un ingreso a espacios laborales precarios donde las condiciones de desigualdad varían entre hombres y mujeres, según la identidad étnica.

El desplazamiento interno es una forma de migración interna. En el caso colombiano, nos interesa diferenciar la migración interna que se da por razones de violencia y conflicto armado de aquella que se produce por otras razones (económicas, reunificación familiar y educativas, entre otras), aunque es posible que las motivaciones puedan encontrarse interrelacionadas. Aunque el desplazamiento de las últimas décadas, producto del conflicto armado, ha sido el más cuantioso, la migración rural-urbana que se dio en la primera mitad del siglo XX, y que se asemejó a la que la mayoría de los países en la región latinoamericana experimentaron, tuvo dentro de su flujo a grupos de personas que migraron debido a la violencia bipartidista entre liberales y conservadores. Sin embargo, este desplazamiento no fue masivo y se confundió con aquel que tenía motivaciones económicas en un contexto de urbanización del país. Algunas investigaciones argumentan que, durante la década de los cincuenta, casi una quinta parte de la población total del país sufrió el desplazamiento forzado por razones de violencia y despojo; sin embargo, el Estado no corrobora dicha cifra en tanto que se carecía de un sistema que monitoreara dicha situación (CNMH-UARIV, 2015; GMH, 2013; Ibáñez y Velásquez, 2008; Molano, 1989; Ruiz Ruiz, 2011). Entre los años 1951 y 1964, el porcentaje de población nacida en un municipio distinto al de residencia pasó de 15 a 36%, mientras que para el año 1993 llegó al 40%. Para el año 2006, más del 70% de la población se consideraba como migrante interno (Adams, 1969; Bernal y López, 1970; Flórez, 2003; Martínez, 2001; Silva y Guataquí, 2008).

Integración laboral en contextos de migración y diversidad

Después de migrar, las personas viven procesos de adaptación y de inserción en la sociedad receptora que les permiten integrarse social y económicamente. Los estudios de procesos de integración de migrantes se han enfocado en la población que cruza fronteras internacionales. Sin embargo, el presente análisis aplica esta perspectiva a la migración interna a fin de comprender las implicaciones de los movimientos dentro de Colombia, motivado por diferentes causas, tomando en cuenta empíricamente la diversidad étnica del país. Los procesos posteriores a la migración interna no asumen la existencia de una diferencia con las poblaciones “nativas” o locales; sin embargo, asumimos que la causa de la migración y la pertenencia étnica se convierten en atributos que producen diferencias en el momento de la adaptación en contextos de movilidad interna.

En un trabajo pionero, Gordon (1964) propuso una serie de etapas de la integración de inmigrantes internacionales que van desde la aculturación hasta una asimilación estructural con la entrada de los migrantes y sus descendientes a las instituciones primarias de la sociedad receptora y un sentido de pertenencia común por la disminución de prejuicios y discriminación. Con el aumento de la llegada de inmigrantes pertenecientes a minorías étnicas de color y de origen no europeo, los estudios de integración de migrantes en Estados Unidos consideraron la creciente importancia del grupo étnico-racial, así como el de las fronteras étnicas. La propuesta de asimilación segmentada explica cómo las diferencias en la entrada a estas instituciones primarias dependen de modos de incorporación caracterizados por el estatus legal de los migrantes, el contexto de recepción y los recursos familiares y de la comunidad (Portes y Rumbaut, 2006; Portes y Zhou, 1993). Perspectivas contemporáneas agregan a estos factores la importancia de las fronteras sociales (Alba y Nee, 1997, 2003), cambios en procesos de racialización y nociones de diversidad (Lee y Bean, 2010), así como patrones migratorios. En general, el concepto se ha transformado de una visión donde solo los migrantes debían transformarse, hacia una que toma en cuenta cambios tanto en la sociedad de acogida como en los migrantes, así como la integración en distintas dimensiones sociales, económicas y políticas, en un contexto de fronteras étnicas y sociales (Alba y Nee, 2003). Esta perspectiva se ha retomado en otros contextos fuera de Estados Unidos, como España, Tailandia y China (Curran, Garip, Chung y Tangchonlatip, 2005; Curran, Shafer, Donato y Garip, 2006; Garreta, 2003).

Las teorías de migración que buscan explicar las decisiones migratorias se han centrado en perspectivas económicas que suponen un desplazamiento a lugares con mejores niveles de vida —entendido de una manera amplia—, tanto interna como internacionalmente (Lee, 1966; Ravestein, 1965; Sjaastad, 1962; Stark, 1991; Todaro, 1969), aunque también consideran la migración por otras razones, como la reunificación familiar, por ejemplo. En estas perspectivas es central el mercado de trabajo y las posibilidades de mejoras salariales y de bienestar, tanto en el origen como en el destino. El vínculo entre las teorías sobre la decisión de migrar y las teorías de integración pocas veces se establece, aunque los procesos de la toma de decisión y de integración estén marcados por procesos de selección (Silva y Guataquí, 2011). Según Borjas (1990), la causa de la migración tiene repercusiones directas en la probabilidad de ocuparse, en el tipo de trabajo y en los niveles de ingreso, por lo que existen diferentes beneficios laborales de la migración cuando se efectúa por razones económicas o forzadas. Cuando la migración es forzada, las consecuencias económicas no son tomadas en cuenta como un incentivo de la misma forma que cuando otras consideraciones son vitales, como la sobrevivencia o huir ante la persecución.

Estudios realizados por Gordon, Edwars y Reich (1986) establecen cómo la segmentación en el mercado laboral estadounidense de la población inmigrante es mediada por relaciones de género y étnico-raciales, lo que provoca no solo el aumento de la población en trabajos cada vez más precarios, sino a la vez, segregación espacial dentro de las ciudades. Ahora bien, estos procesos de precarización laboral, tanto por los salarios bajos y las condiciones laborales, afectan en mayor medida a mujeres y minorías étnicas de migrantes y se han identificado en numerosos estudios (Curran, Garip, Chung y Tangchonlatip, 2005; Curran, Shafer, Donato y Garip, 2006; Garreta 2003; Sway, 1984). De trasladarse estos procesos al contexto de migración interna, esperaríamos cierta segmentación laboral definida a partir del grupo étnico y el tipo de migración, ya que como se menciona en la siguiente sección, existe segmentación por sexo, donde consistentemente las mujeres sufren precarización laboral y tienen menores ingresos que los hombres.

Interseccionalidad en Colombia: condición migratoria, identidad étnica y sexo

La inserción e integración en los mercados laborales suele variar y depender de las características sociodemográficas, como el sexo, la edad, el nivel educativo, la pertenencia étnica, la condición migratoria, entre otras. En el caso de Colombia se evidencia la existencia de este tipo de diferencias en el acceso a mejores condiciones de vida. Así, aunque se han dado profundas transformaciones socioculturales y demográficas que han posibilitado que las mujeres eleven sus tasas de participación y adquieran un mayor estatus educativo, estas presentan resultados laborales desventajosos en comparación con los hombres. Como lo establecen Arango, Castellani y Lora (2016), las mujeres muestran menores tasas de ocupación, salarios más bajos y tasas de desempleo más altas. Dicha situación parece agudizarse en ciudades como Medellín, Cali y Bogotá por el tipo de empleo, la segregación residencial y la distancia a los lugares de trabajo donde las mujeres son las más afectadas, sobre todo en estructuras familiares donde se asumen como jefas de hogar (Díaz Escobar, 2016).

La condición migratoria tiene un papel fundamental en las condiciones de inserción al mercado laboral. Como se mencionó, existen fenómenos de selectividad que provocan que aquellas personas que migran de manera voluntaria presenten mejores resultados que aquellas que lo hacen de manera forzada y aquellas que no migran, en parte por las diferencias en la composición de estas poblaciones. Las condiciones de pobreza y vulnerabilidad económica que sufren los grupos que han migrado forzadamente provoca que las tasas de participación económica sean altas, aunque con tasas de desempleo elevadas. En general, la participación laboral se hace en contextos de informalidad y en empleos con condiciones precarias, ya que la inserción de estas personas se lleva a cabo en actividades de baja calificación y bajas remuneraciones, que requieren de poca experiencia, exceden las jornadas de trabajo acordes con la norma y no ofrecen seguridad social, lo cual provoca la agudización de las trampas de pobreza (Garay, 2009b; Ibáñez y Moya, 2006, Ibáñez y Velásquez, 2008; Silva y Guataquí, 2008).

En el ámbito de los ingresos, se ha encontrado que las personas desplazadas perciben ingresos por debajo del valor mínimo legal establecido. Aunque las condiciones de empleo de los centros urbanos proporcionan mejores condiciones salariales, la población desplazada exhibe niveles más bajos que el resto. Para Ibáñez y Velásquez (2008) se ha evidenciado un aumento en los salarios reales. Sin embargo, dicho comportamiento parece responder a una mejoría general del mercado laboral y no de las condiciones de la población desplazada en particular. Igualmente, la Comisión de Seguimiento (2015) determinó que más de dos tercios de la población desplazada se encuentra percibiendo salarios por debajo del mínimo legal, situación que se agudiza en el caso de las mujeres donde solo el 6% de aquellas que se encuentran ocupadas perciben un salario superior al mínimo legal.

Ahora bien, las variaciones en el desempeño laboral de las personas que se reconocen como parte de un grupo étnico han sido ampliamente estudiadas, y han demostrado que existen gradientes de inserción que no solo tienen que ver con la dificultad para insertarse exitosamente en el mercado laboral, sino que se traduce en el tipo de actividades laborales que desempeñan. Para muchos investigadores, las posiciones en el empleo y las actividades laborales dependen de las habilidades adquiridas por las personas en sus lugares de origen y a la vez a la materialización de estereotipos que provocan que personas indígenas y afrodescendientes sean más demandadas en ciertos oficios (Garay, 2009a, 2009b; Rodríguez et al., 2013; Urrea, 2005; Urrea et al., 2007; Urrea y Viáfara, 2016; Viáfara et al., 2009; Viáfara y Urrea, 2006).

Metodología

Datos

Este estudio utiliza la Encuesta de Calidad de Vida (2012-2016), que incluye información específica sobre las comunidades étnicas de estudio y permite rastrear el cambio de residencia hasta diez años antes de la aplicación del instrumento. Si bien no es una fuente de datos longitudinal, su perspectiva transversal permite revisar algunos cambios durante este periodo. La población objetivo de este estudio sobre integración laboral son las personas mayores de 12 años, cuya muestra analítica está constituida por 288,253 casos. Sin embargo, de estos, el análisis de tipo de empleo se hizo para una muestra de 156,788 personas que se declararon como ocupadas, y el análisis sobre brechas salariales para una muestra de 148,156 personas ocupadas que reciben ingresos por salario.

Variables

Dependientes

El análisis de la integración laboral se llevó a partir de tres dimensiones: participación laboral; posición en el empleo, e ingreso laboral. Para analizar las probabilidades de ocupación para las personas mayores de 12 años, se construyeron dos transiciones para dar cuenta del tránsito de las personas dentro de la población en edad de trabajar (PET). Dentro de la primera transición la variable dependiente es dicotómica y busca identificar si la persona está dentro o fuera de la fuerza laboral. En la segunda transición se busca identificar si la persona se encuentra ocupada o desempleada. Para analizar las probabilidades de ocupar determinada posición en el mercado laboral en las personas mayores de 12 años, se construyó una variable dependiente categórica que buscó identificar si la persona es i) trabajador subordinado y remunerado; ii) empleador; iii) trabajador por cuenta propia, o iv) trabajador sin pago. Finalmente, para estudiar al ingreso laboral, se analizó su nivel para las personas mayores de 12 años que se encontraban ocupadas y declararon un ingreso monetario positivo. Para realizar el análisis en los 5 años propuestos se deflactó el ingreso tomando como base el índice de precios del año 2016. Adicionalmente, se realizó la transformación logarítmica del ingreso mensual (y se tomaron valores entre 4.58 y 19.46).

Independientes

Para definir las variables independientes de interés (condición migratoria y pertenencia étnica) fue importante establecer quiénes se consideran como población desplazada, y quiénes se ubican dentro de un grupo étnico a través del autorreconocimiento. Retomamos el concepto establecido en la Ley 387 de 1997 que considera como desplazado a

Para la variable de condición migratoria se construyó un indicador categórico a partir de la información sobre causas de la migración que distingue a: i) aquellos que declararon desplazamiento forzado por razones de violencia; de ii) otros migrantes internos, es decir, aquellas personas que migraron por causas distintas a la violencia donde se agrupan migrantes educativos, laborales, de reagrupación familiar y otros, y iii) no migrantes, donde se consideró a la población que declaró no haber realizado un cambio de residencia (referencia: el año anterior a la aplicación de la encuesta).

Para la definición de pertenencia étnica en Colombia se reconoce la existencia de cuatro grupos: la población indígena, la población raizal del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, la población negra o afrocolombiana (incluye a la población palenquera de San Basilio del municipio de Mahates), y la población rrom o gitana (DANE, 2017b). Específicamente, para los objetivos de este análisis, diferenciamos solo entre dos grupos étnicos: indígenas y afrodescendientes. Por ello, la variable de reconocimiento étnico se define de la siguiente manera: a) indígenas; b) afrodescendientes (incluyendo a la población raizal), y c) personas que no se reconocen como parte de un grupo étnico (aquellas que respondieron no ser parte de los cuatro grupos étnicos reconocidos en Colombia; aquellas que no informaron su pertenencia étnica, y la población rrom), aquí denominados como otros.

Además, tomamos en cuenta variables independientes de control que permiten dar cuenta de la influencia de las características individuales y familiares en los procesos estudiados. Dentro del componente sociodemográfico consideramos la variable dicotómica del sexo y las variables continuas de edad y edad al cuadrado. La inclusión de la edad se usa para establecer la relación lineal de esta variable, mientras que la edad al cuadrado establece la transformación cuadrática de la primera variable para evidenciar la existencia de rendimientos marginales crecientes o decrecientes. Para el nivel de escolaridad se construyó una variable categórica de seis niveles: i) sin primaria; ii) primaria (referencia); iii) secundaria; iv) educación media; v) educación técnica, y vi) educación superior. La situación conyugal se define con una variable categórica que hace diferencia entre las personas en una unión (referencia), solteras y exunidas (separadas, divorciadas o viudas).

Como variables contextuales se incluyeron además el tamaño de localidad, el sector laboral, la región geográfica y el año de levantamiento de la encuesta para tomar en cuenta características geográficas y temporales de los mercados laborales locales. El tamaño de la localidad es una variable dicotómica que distingue la cabecera urbana, que incluye áreas metropolitanas, áreas urbanas y cabeceras municipales (referencia), de los centros poblados y rurales (caseríos, inspecciones de policía, corregimiento municipal y área rural dispersa). La variable categórica de sector de actividad distingue al primario, secundario, y terciario (referencia). Para la región geográfica se mantuvo la categorización establecida por la fuente de datos: Caribe, Oriental, Central, Pacífica (sin valle), Bogotá (referencia), Antioquia, Valle del Cauca, San Andrés, Orinoquía —Amazonía—. Por último, la variable categórica de año toma los valores del 2012 (referencia) al 2016.

Estrategia analítica

Para responder a las preguntas de investigación, en este estudio se estimaron tres tipos de regresiones. Se usó una regresión logística secuencial para analizar la participación laboral, pues el método permite hacer relaciones entre procesos que pueden observarse como una secuencia de transiciones, o bien procesos que implican exposiciones diferenciadas al riesgo (Buis, 2015). Inicialmente se calculó un modelo logístico multinomial para la predicción de la participación laboral. Sin embargo, al realizar las pruebas de independencia de alternativas irrelevantes (IAI) a través de las pruebas de Hausman y Suest se estableció la violación del supuesto, por lo que se decidió estimar un modelo secuencial con el fin de determinar las probabilidades de pasar de la PEI a la PEA; y luego de estar en la PEA, se calculó la probabilidad de encontrarse ocupado. En el caso de la posición en el empleo se estimó una regresión multinomial, y finalmente, para dar cuenta del nivel de ingresos y analizar brechas salariales, se estimó una regresión lineal en el logaritmo del ingreso. Las estimaciones se hicieron en modelos estratificados por sexo para tomar en cuenta diferentes mecanismos de integración laboral para hombres y mujeres. Las pruebas de la significancia estadística de la interacción de la variable de condición migratoria con la de pertenencia étnica mostraron resultados de diferencia significativa en todos los modelos. Es decir, el efecto del tipo de migración interna depende de la pertenencia étnica de los individuos.

Para dar cuenta de la configuración estructural de la desigualdad en los escenarios laborales empleamos interacciones entre las variables de interés con el fin de identificar el impacto que tiene en la integración laboral cada condición migratoria según la identidad étnica. Esta estrategia metodológica de análisis interseccional desde una perspectiva cuantitativa permite descubrir la configuración estructural de desigualdades al entender que las desventajas sociales se encuentran expresadas no de un modo aditivo, sino mediadas por estos factores. Como lo establecen Scott y Siltanen (2012), el uso de regresiones múltiples en las que además de la interacción simple se contemple la comparación de escenarios permite dar cuenta de interrogantes significativos sobre los contextos y el desarrollo de enfoques heurísticos de los patrones de intersección de género y otras variables de desigualdad. Así mismo, atendiendo a que la investigación interseccional debe poder ilustrar las matrices dinámicas e interdependientes de privilegios y desventajas que afectan los resultados del mercado laboral en todas las ubicaciones sociales, las interacciones incluidas contemplan la situación de hombres y mujeres teniendo en cuenta un análisis étnico-racial que no se agota en la identidad afrodescendiente o negra y que además inserta la condición migratoria como escenario particular de reproducción social (Browne y Misra, 2003; Sigle, 2016).

Resultados

Análisis descriptivo

El Cuadro 1 presenta características sociodemográficas básicas según condición migratoria y pertenencia étnica para hombres y mujeres. Se observa una mayor presencia relativa de indígenas y afrodescendientes en el grupo de la población que ha migrado forzadamente: alrededor del 18% de la población se reconoce como parte de estos grupos étnicos, mientras que entre los no migrantes este no alcanza el 15%, y entre los migrantes voluntarios no alcanza el 12%. El grupo con la población más joven es aquel que no ha migrado, ya que los hombres tienen una edad media de 24 años, y las mujeres de 26. En el resto de los grupos la edad oscila entre los 34 y 36 años respectivamente. Como se espera, por mecanismos de selectividad educativa asociados al migrar para trabajar o estudiar, son los migrantes voluntarios aquellos con un mayor nivel de escolaridad, aunque esto varía según el grupo étnico: los hombres y mujeres indígenas son los que tienen menores años de escolaridad.

Las personas desplazadas forzadas tienen tasas más altas de desempleo que el resto de la población, mientras que las personas que migraron por otras razones tienen las tasas más bajas en comparación con los desplazados y quienes no migraron, a excepción de las mujeres indígenas. Dentro de cada tipo de condición migratoria, es la población afrodescendiente la que tiene las tasas más altas de desempleo, siendo las mujeres, en todas las condiciones migratorias, las más afectadas. Esto puede deberse a barreras de tipo racial, que le han impedido a esta población ingresar de manera integral al mercado laboral, y que se agudizan cuando las personas han tenido que migrar de manera forzada. Las tasas más altas de desocupación las registran los hombres y mujeres afrodescendientes (11.4 y 18.6% respectivamente) que han sido desplazados por la violencia, y aquellos que no migraron (9.6 y 13.3%).

Como es de esperarse, los hombres en todas las condiciones migratorias muestran los valores más altos de ocupación, aunque varían por condición migratoria. Los hombres indígenas presentan tasas altas de ocupación en todas las condiciones migratorias, lo que demuestra una mayor capacidad de inserción laboral, aunque esto no implique que los empleos en los que se ubican tengan ingresos y condiciones adecuadas o mejores al resto de la población. Ahora bien, las mujeres afrodescendientes muestran mayor participación en actividades remuneradas que otras. Si bien dentro del grupo de personas que migraron por razones distintas a la violencia sus tasas de desempleo son más altas que el resto de las mujeres, también tienen tasas de inactividad menores, por lo que parecen tener mejores resultados en el contexto de inserción laboral.

Los patrones observados dan cuenta de una integración diferenciada en el mercado laboral, no solo entre hombres y mujeres, sino para migrantes internos, desplazados forzados y los que no migraron, y la pertenencia étnica indígena o afrodescendiente. En el caso de la población no migrante, las tasas de participación laboral muestran una clara diferencia para hombres y mujeres. Sin embargo, en el caso de las condiciones migratorias y la pertenencia étnica, los patrones reflejan la intersección con identidades que parecen agudizar las condiciones de vulnerabilidad.

¿Cómo se traduce lo anterior en los ingresos laborales? Comparando el ingreso laboral mediano mensual vemos que los migrantes voluntarios tienen ingresos más altos cuando no se reconocen como parte de un grupo étnico (ver Gráfica 1). Sin embargo, entre aquellos que no se reconocen como indígenas o afrodescendientes, solo se observan valores ligeramente más altos para los hombres, confirmando parcialmente la hipótesis alrededor de los efectos que tiene la migración de naturaleza económica o laboral. Entre el grupo de población desplazada, los ingresos son menores para todas las subpoblaciones en comparación con los no migrantes o migrantes voluntarios. No obstante, este desplazamiento permite que hombres y mujeres indígenas obtengan un mayor nivel de ingresos que aquellos que no migraron; una situación que es contraria para la población que no se reconoce como parte de un grupo étnico y para las mujeres afrodescendientes.

Análisis multivariado

A continuación, presentamos los resultados del análisis multivariado que toma en cuenta las características demográficas de la población, así como variables de contexto geográfico y temporal para analizar cómo se asocian la condición migratoria y la pertenencia étnica a los diferentes indicadores laborales.

Participación laboral

El modelo secuencial estimado considera dos transiciones: la primera estima encontrarse dentro o fuera de la fuerza laboral, y la segunda, encontrarse ocupado o desempleado para aquellas personas que se encuentran dentro de la fuerza laboral. El Cuadro 2 muestra las razones de momios estimadas para los modelos secuenciales estratificados por sexo.

Posición en el empleo

Una vez que se analizó el encontrarse ocupado vs. desempleado para aquellos que participan en la fuerza laboral, en esta sección se analizan las posiciones en el empleo a partir de estimaciones de regresión multinomial, tomando como categoría de referencia al grupo de trabajadores subordinados y remunerados (ver Cuadro 3). Debido a la complejidad explicativa de este tipo de modelos se analizarán las variables de interés dando cuenta de las probabilidades medias estimadas que buscan evaluar las variaciones cuando se observa la intersección de estas categorías identitarias.

El riesgo de ser trabajadores por cuenta propia (en lugar de subordinado con remuneración) se reduce para los hombres cuando se migra por razones distintas a la violencia, mientras que ser desplazado forzado no muestra diferencias estadísticamente significativas respecto a los que no migraron. Para las mujeres, los riesgos de ser trabajadoras por cuenta propia respecto a trabajadoras subordinadas es mayor con el cambio de residencia (rr = 1.16 desplazadas forzadas; 1.05 otras migrantes). Con relación a la pertenencia étnica, en el caso de hombres y mujeres se encontraron riesgos más altos de trabajo por cuenta propia cuando se reconocen como parte de un grupo étnico (indígena y afrodescendiente) en comparación con los que no. Sin embargo, en el caso de las mujeres, los resultados hallados para las afrodescendientes no fueron estadísticamente significativos.

En cuanto a ser trabajadores sin pago, se observó que el riesgo de ocupar esta posición (en lugar de trabajador subordinado) es casi seis veces mayor para las mujeres que para los hombres. En el caso de hombres y mujeres, los que migraron por razones de violencia y por otras causas tienen un mayor riesgo de ser trabajador sin pago (vs. trabajador subordinado) respecto a aquellos que no migraron. Para los hombres, sin embargo, este último tipo de migración no presenta diferencias estadísticamente significativas. Reconocerse como indígena duplica, en ambos casos, el riesgo de ocupar esta posición respecto a quienes no se reconocen como parte de un grupo étnico y respecto a los trabajadores subordinados, mientras que las diferencias por reconocerse como afrodescendiente no son estadísticamente significativas.

Los resultados de los modelos incluyen controles de variables sociodemográficas y contextuales. Es decir, las estimaciones toman en cuenta que los riesgos de ocupar ciertas posiciones en el mercado laboral se encuentran asociados a las regiones de residencia, el nivel educativo, la edad y el tipo de localidad. El cálculo de las probabilidades medias estimadas para las tres posiciones ocupacionales (trabajadores subordinados, por cuenta propia y sin pago) para los individuos de la muestra, por año, muestran los efectos diferenciados de las variables de interés a lo largo del tiempo (Gráfica 3).

La Gráfica 3 muestra que, para hombres y mujeres, las probabilidades de ser trabajador remunerado han aumentado de 2012 a 2016. El aumento se ha dado entre los migrantes sin importar su grupo étnico, aunque existen diferencias dentro de cada condición migratoria para hombres y mujeres. Dentro del grupo de los hombres que migraron voluntariamente y aquellos que no migraron, los indígenas exhiben las probabilidades más bajas, pero dentro de los no migrantes, la diferencia de estos respecto al resto es mucho mayor. En el caso de la población desplazada forzada, se observa el alto impacto que tiene esta migración en el grupo de los afrodescendientes, ya que al pasar el tiempo sus probabilidades continúan siendo más bajas que para el resto de la población. Esta situación podría confirmar el traslado de ciertas condiciones de vulnerabilidad para los grupos étnicos que amplía las brechas de desigualdad y que parecerían poder explicarse a través de su constitución identitaria, además de otras características contextuales.

En el caso de las mujeres, se observa una menor probabilidad de ser trabajadora remunerada para la población afrodescendiente que ha sido desplazada por la violencia en comparación con las indígenas y aquellas que no se reconocen como parte de un grupo étnico. Adicionalmente, dentro de las mujeres que migraron por otras razones las diferencias según el reconocimiento étnico son muy pequeñas. Es decir, a diferencia de los hombres que migraron internamente de manera voluntaria, las mujeres indígenas y afrodescendientes tienen las mismas probabilidades que aquellas que no se reconocen como parte de un grupo étnico, mostrando particularmente para las indígenas, una mayor inserción en contextos de formalidad laboral.

Las probabilidades de ser un trabajador por cuenta propia son más altas para las mujeres migrantes, y en el caso de las indígenas que no migraron. Asimismo, las probabilidades son mayores en el caso de los hombres, ya que a pesar de algunos valores bajos para el año 2016, las probabilidades son mayores a las del inicio del periodo. En el caso de las mujeres se ve una situación contraria, ya que luego del 2015 las probabilidades de ser trabajadora por cuenta propia son menores que en 2012. Dentro de la población desplazada por violencia, las probabilidades son mayores para las mujeres, a la vez que son las poblaciones afrodescendientes e indígenas las que tienen probabilidades más altas de emplearse en esta posición en comparación con aquellas personas que no se reconocen como parte de un grupo étnico. Entre los migrantes voluntarios hombres, los indígenas y afrodescendientes muestran probabilidades similares, a la vez que son superiores a las que exhiben aquellos que no se reconocen como parte de un grupo étnico. Para las mujeres en esta condición migratoria se observó que aquellas que se reconocen como indígenas muestran las probabilidades más bajas con relación al resto de la población y son las afrodescendientes quienes tienen mayores posibilidades de ocuparse en trabajos por cuenta propia que aquellas que no se reconocen como parte de un grupo étnico.

En resumen, las poblaciones indígenas y afrodescendientes muestran mayores diferencias en cuanto a la posición en el empleo cuando se da la migración. Las mujeres afrodescendientes que cambiaron de residencia presentan mayores probabilidades de ser trabajadoras por cuenta propia, situación que se agudiza cuando se da el desplazamiento por violencia. Entre la población indígena, las mujeres presentan probabilidades más altas de trabajo por cuenta propia que los hombres.

Ingreso laboral

Para finalizar, se analizan brechas en el ingreso mensual para los individuos que se encuentran ocupados como trabajadores remunerados y cuenta propia, con estimaciones de una regresión lineal de la transformación logarítmica de la variable del ingreso mensual. Estos modelos consideran la relación no lineal entre el ingreso (variable dependiente) y las variables independientes. El Cuadro 4 muestra los resultados de la regresión lineal estimada.

Tanto para hombres como mujeres, las características individuales se asocian al nivel de ingreso mensual, aunque este varía según el tipo de migración. Los hombres tienen ingresos 20 % más altos cuando migran de manera voluntaria, mientras que las mujeres solo muestran ingresos 5 % más altos, manteniendo todas las demás características constantes. Un hallazgo importante es que el desplazamiento forzado parece no afectar los ingresos que perciben los hombres. Sin embargo, para las mujeres que migran de manera forzada, sus ingresos son un 15 % más bajos que para aquellas que no migraron.

El reconocimiento étnico tiene un papel importante en la determinación del nivel de ingresos. Reconocerse como indígena provoca que hombres y mujeres registren ingresos respectivamente 20 y 13% menores que aquellas personas que no se reconocen como parte de un grupo étnico, mientras que los afrodescendientes no presentan diferencias estadísticamente significativas. Para hombres y mujeres, la educación muestra retornos positivos a partir de la básica secundaria: para las mujeres el ingreso se duplica cuando se llega al nivel de educación técnica y para los hombres a partir del nivel superior. Las variaciones del ingreso mensual para hombres y mujeres a través de los años muestran una disminución para 2016, situación que impacta a hombres y mujeres con la misma intensidad. Igualmente, las mujeres percibieron ingresos menores que los hombres durante todo el periodo, con una mayor desventaja para aquellas que son desplazadas forzadas.

La Gráfica 4 muestra el promedio de la predicción del logaritmo del ingreso a partir de los modelos de regresión lineal estimados, y muestra que, entre los hombres, la población indígena es la más afectada en cualquiera de las condiciones migratorias, pues el nivel de sus ingresos fluctúa con la misma intensidad, pero siempre se mantienen más bajos que el resto de la población. Además, la población afrodescendiente tiene niveles similares promedio a los de aquellos que no se reconocen como parte de un grupo étnico dentro de la condición de no migrantes y aquellos que migraron por razones distintas a la violencia.

Entre las mujeres se observa que la población desplazada muestra los niveles más bajos de ingresos respecto al resto. Dentro de la población que migró por razones distintas a la violencia y aquella que no migró, son las indígenas quienes tienen los ingresos más bajos, aunque es posible observar que las diferencias entre la población afrodescendiente y aquella que no se reconoce como parte de un grupo étnico se amplían cuando se da un evento migratorio y son más altas cuando la migración se da de manera forzada. Por ello, las mujeres afrodescendientes desplazadas forzadamente son las que perciben los ingresos más bajos.

Estas tendencias son interesantes ya que al observarse la condición de desplazamiento forzado se evidencia una caída de los salarios para todas las poblaciones, pero se configura una brecha entre los grupos étnicos respecto a aquellos que no se reconocen como parte de estos, lo que muestra un deterioro más profundo en las condiciones laborales de estas poblaciones, particularmente para las mujeres que se reconocen como afrodescendientes y los hombres que se reconocen como indígenas.

Conclusiones

Los resultados confirman que la integración al mercado laboral de las personas que han migrado internamente muestra variaciones según las causas de la migración, el reconocimiento étnico y el sexo. Los resultados señalan que la intersección de identidades cobra importancia como elemento de análisis. Así, la integración laboral de los distintos tipos de migrantes depende de la etnicidad y no es la misma para hombres y mujeres. Como en otros contextos internacionales, la participación laboral femenina es menor que la masculina dentro de la población que no es migrante interna, pero para los que sí migraron dentro de Colombia, especialmente aquellos que se desplazaron por razones de violencia armada, la pertenencia étnica refleja una intersección con identidades que parecen agudizar las condiciones de vulnerabilidad.

En el caso de los ingresos medios, los hombres indígenas perciben los salarios más bajos sin importar su condición migratoria, mientras que los afrodescendientes y aquellos que no se reconocen como parte de un grupo étnico tienen niveles similares. En el caso de las mujeres indígenas los ingresos son menores cuando no se ha migrado o lo han hecho por razones distintas a la violencia. Sin embargo, dentro de la población desplazada son las afrodescendientes quienes registran los ingresos más bajos. Un hallazgo importante es que, para estas mujeres, la migración afecta de manera importante el nivel de ingresos percibidos, siendo más agudo el impacto cuando la migración ha sido forzada.

Las tasas de ocupación mayores dentro de la población desplazada, que dentro de otras poblaciones pueden explicarse posiblemente por el efecto de los programas de estabilización socioeconómica diseñados para la reparación de las víctimas del conflicto, les pudo haber brindado una mayor probabilidad de ocupación y generación de ingresos. Sin embargo, una explicación alternativa para tener presente es que, a pesar de la existencia de acciones institucionales, los niveles de vulnerabilidad económica que enfrentan los hogares compuestos por estas poblaciones puede obligar a sus integrantes a encontrarse permanentemente ocupados, teniendo incentivos para la participación de todos los miembros del núcleo familiar.

La mayor participación laboral entre las mujeres que fueron desplazadas podría estar reflejando dos tipos de fenómenos. Por un lado, que la migración a localidades urbanas modifica el sentido de las estructuras familiares y permite que más mujeres accedan al mercado laboral, lo que a la vez contribuye a la deconstrucción de los roles de género en la que los hombres destinarían cada vez más horas para el trabajo doméstico y de cuidado. Por otro lado, estos resultados podrían evidenciar que, en el caso del desplazamiento forzado, la desestructuración del núcleo familiar, producto del conflicto armado y la violencia, provocó que más mujeres asumieran la jefatura del hogar, situación que trae consigo un aumento en la participación laboral femenina. Aunque nuestros resultados no pueden dar cuenta de estos mecanismos, esperamos que investigaciones futuras ayuden a vislumbrar si el trabajo femenino en estas poblaciones puede considerarse como estrategias de sobrevivencia o adaptación ante la migración, resultado del empoderamiento de las mujeres, o indicadores de mayor integración.

Es posible que el cambio de residencia y de entorno favorezcan la posibilidad de encontrarse dentro de la PEA. En el caso de la migración por razones distintas a la violencia es la tendencia más esperada, ya que la migración laboral suele ser selectiva y estos procesos pueden facilitar una integración a los mercados laborales de los lugares de destino. Sin embargo, esta participación laboral no siempre se traduce en mejores ingresos, en particular para los poblaciones indígenas. Aunque en términos generales la población indígena presenta las menores probabilidades de ocupación cuando se ha migrado forzadamente, entre las mujeres indígenas, estas probabilidades son mayores que las de las afrodescendientes. Entre los hombres, quienes se reconocen como indígenas y aquellos que no hacen parte de ningún grupo étnico tienen probabilidades similares dentro de las poblaciones que migraron de manera voluntaria y aquellas que no lo hicieron, mientras que en el caso de las mujeres las indígenas tienen probabilidades más altas que aquellas mujeres que no se reconocen como parte de un grupo étnico. En general, estos resultados apuntan a nuevas interrogantes sobre las estrategias y los mecanismos de carácter identitario que podrían operar detrás de dicha selección en el mercado laboral.

Heterogeneidad e interseccionalidad

Los resultados hacen evidente que las causas de la migración y su intersección con la identidad étnica y el sexo tienen efectos diferenciados en la posición en el empleo que podrían establecer la existencia de una serie de mecanismos que se encuentran operando en la delimitación de las posiciones en el mercado laboral de ciertos grupos, aun tomando en cuenta características sociodemográficas, educativas y del contexto geográfico. Es decir, algunos sujetos tienen probabilidades de acceso a posiciones con mejores condiciones laborales y es posible que esta situación se sostenga en el tiempo. Aunque podría existir la modificación de roles de género, es posible que otros mecanismos operen en contra del mejoramiento de las condiciones laborales de las mujeres, de igual manera que la existencia de estereotipos asignados a las identidades étnicas profundizarían las condiciones estructurales de desigualdad y discriminación, en particular hacia las poblaciones indígenas y afrodescendientes. Por lo tanto, lo que resulta de esta intersección identitaria es la conjunción de múltiples estructuras de poder que, en algunas ocasiones, terminan por configurar nuevas dimensiones de desigualdad.

La estrategia metodológica de llevar a cabo los análisis y reflexiones a través de un enfoque interseccional desde una perspectiva cuantitativa, permitió acercarnos a la forma en que las identidades entrelazan condiciones de desigualdad y discursos de poder que fortalecen o configuran estereotipos acerca de la reproducción social y la delimitación de sus espacios. Si bien la mayoría de los estudios que aplican este enfoque son de corte cualitativo, nuestra propuesta de acercamiento estadístico a partir del uso de interacciones de tres variables indicadoras de dimensiones sociales constituye una herramienta útil para complejizar el análisis de las múltiples formas de desigualdad que atraviesan a los sujetos migrantes en el proceso de integración.

A partir de una revisión de los elementos centrales del análisis interseccional, Dhamoon (2011) establece que dentro de este enfoque se lleva a cabo el estudio de cuatro aspectos de la vida sociopolítica: “las identidades de un individuo o conjunto de individuos o grupos sociales que se marcan como diferentes (por ejemplo, una mujer musulmana o una mujer negra), las categorías de diferencia (p. ej., raza y género), los procesos de diferenciación (p. ej., racialización y género) y los sistemas de dominación (p. ej., racismo, colonialismo, sexismo y patriarcado)” (p. 233). En ese sentido, es claro que existen condiciones estructurales del mercado laboral que afectan de manera general a las poblaciones. Sin embargo, al revisar los efectos de las intersecciones identitarias es posible observar que existen ciertas formas de reconocimiento que se convierten en elementos estratégicos o de protección frente a la integración laboral, así como también pueden agudizar y ampliar las brechas de desigualdad e inequidad social. Como lo establece la Cepal (2017) “las desigualdades étnico-raciales, junto con las de género, las territoriales y aquellas relacionadas con el ciclo de vida, constituyen ejes estructurantes de la matriz de la desigualdad social en América Latina” (p. 73).

Los resultados acerca de la intersección identitaria y su efecto en la variación de la integración laboral confirmaron que existen efectos específicos en estos procesos después de migrar internamente. Tal como se esperaba, y como lo muestran investigaciones previas (Díaz Escobar, 2016; Ibáñez y Moya, 2006; Ibáñez y Velásquez, 2008; Viáfara López y Urrea Giraldo, 2006), las mujeres mostraron diferentes resultados en la participación laboral, y estos estuvieron mediados por su condición de desplazamiento forzado y el reconocimiento étnico. Se anticipaba que por la naturaleza de la migración voluntaria la selectividad en el mercado laboral fuese positiva para este grupo de personas. Como han determinado varias investigaciones, existe un tipo de selectividad negativa que enfrentan las poblaciones desplazadas en su ingreso al mercado laboral (Borjas, 1987 y 1990; Silva y Guataquí, 2011). Sin embargo, este efecto negativo podría ser contrarrestado a través de las acciones de estabilización socioeconómica que el Estado colombiano ha dispuesto para ello. Estas estrategias parecen funcionar en los primeros meses de recepción de la población, pero los beneficios no se mantienen en el tiempo ni subsanan las desigualdades estructurales a las que se enfrentan estas poblaciones en los territorios de destino. La Comisión de Seguimiento (2015) estableció que la cobertura de los programas apenas ha logrado la vinculación del 0.19 % de la población víctima, evidenciando que el conjunto de la población desplazada se encuentra desprotegida ante las barreras de selección que el mercado laboral puede imponer.

Nuevas interrogantes y futuras investigaciones

A partir de la evidencia encontrada en esta investigación surgen cuestionamientos particulares acerca de mecanismos que no son posibles de analizar a través de las fuentes de información utilizadas. Comprender el efecto de las características de los entornos culturales permitiría dar cuenta de las variaciones en la integración laboral de las personas que se han desplazado y que se reconocen como parte de un grupo étnico. En futuras investigaciones sería pertinente establecer metodologías que posibiliten observar por un lado las direcciones que plantean la relación entre la identidad y la integración social, y por otro la configuración de discursos estereotipados sobre las formas de identidad que podrían materializar formas de discriminación y segregación según la condición migratoria, el reconocimiento étnico y el género o bien, que permitan el desarrollo de configuraciones particulares desde donde los sujetos agencian alternativas de integración basándose en el reconocimiento de su identidad.

La ampliación en la comprensión de estos mecanismos sociales permitiría profundizar hipótesis acerca de la construcción de discursos y relaciones que se imbrican en el proceso de integración y producen formas de identidad que podrían determinar la distribución de las poblaciones migrantes en la dimensión laboral. Igualmente, surgen nuevas interrogantes frente a qué otro tipo de variables podrían afectar la integración de las poblaciones desplazadas por la violencia, entre las que se encuentran el tiempo de duración del desplazamiento, sobre todo en contextos donde la condición de desplazamiento puede persistir a lo largo de varias décadas, así como el tipo de actividades económicas que desempeñan las personas teniendo en cuenta su pertenencia étnica y sexo, dado que podrían convertirse en indicadores de demarcación social y escenarios de segregación de tipo racial y étnico. Sirva este análisis como punto de partida para investigaciones futuras que respondan a estas nuevas interrogantes.

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